He pensado, por mucho tiempo, cómo empezar este post, cómo decirlo abiertamente y creo que por estas fechas, me doy cuenta de que ya es momento de hacerlo.
Bueno...aquí va.
Hace un año y un mes que Ricardo y yo estamos separados.
Pocas personas de mi entorno saben al respecto y casi siempre he visto la misma reacción. El asombro, las miles de dudas que quieren preguntar pero no se atreven, la mirada de tristeza, el desconcierto, el "pero siempre se han visto bien" y una lista larga de múltiples sensaciones que no saben cómo decirlas y se resume en un ¿por qué?
Creo que justamente por eso no lo he dicho abiertamente, las preguntas son incómodas, el "meterte en mi vida personal" que no es la total que se ve en mis redes sociales, me ha hecho preferir no decir nada y "seguir". Pero hoy no, esta noche no. Esta noche me animo hablar.
Él y yo estuvimos juntos 11 años, nos amamos muchísimo, nos casamos y tuvimos una hija ¿esta es la mejor manera de narrar una vida de pareja? No lo sé. Pero en una corta línea es lo que es (fue).
Tuvimos siempre la mejor manera de sobrellevar las situaciones difíciles de pareja, las discusiones sin sentido, el mal humor (muchas veces mío), el desgano, el cansancio, la rutina, el "creo que esto no está funcionando bien". Hasta que nos dimos cuenta de que en verdad, esto no funcionaba. Y no fue una decisión de la noche a la mañana, fueron años de intentos fallidos, lágrimas secas en el rostro, sonrisas sinceras de que "todo va a estar bien" y anhelo de que así lo sea.

Pero la vida no es una película, aquí no va aparecer Tom Cruise diciendo "You complete me" ni correré a su brazos diciendo "You had me at "hello" y ambos caminaremos hacia al atardecer de nuestra vidas, viendo cumplir sueños y promesas que se dijeron en la ebullición de un sentimiento, que al pasar del tiempo, muta.
No, él no me engañó. No, yo no lo engañé. Esta no fue una ruptura por falta de cariño, o por las "típicas razones". Esta fue una decisión mutua de querer ver mejor al otro, de encontrar un mejor momento para el otro, de ver sonreír (que hace mucho no se hacía desde "adentro") del otro y a pesar de que al inicio la negación fue constante, los reclamos muchos, el "devuélveme la vida que conozco" fue repetitivo, se entendió, se soltó y se dejó "ir".
Los por menores de cómo me he sentido, de qué se ha hecho, cuándo y porqués, se quedan conmigo.
¿Qué queda? El cariño, el respeto, pero sobre todas las cosas, nuestro más puro, interminable e inagotable amor por Raffa.
Padres lo seremos siempre y este hilo conductor de grandes alegrías, de las más profundas tristezas cuando alguien sufre y pelea hasta con los dientes por lo que cree, nos ama, nos llama "papá y mamá" y siempre estaremos para, por y con ella. A pesar de todo, hasta de nosotros mismos.
Al día de hoy puedo decir que Ricardo y yo somos amigos, que sobrellevamos nuestros "dragones" de la mejor manera y esperamos todo lo mejor para el otro.
El tiempo, queridos míos, es sabio. Te hace entender que uno tiene que lidiar consigo mismo en muchas etapas de la vida, que las cosas simples son las más valiosas, que pensar en el otro es importante (a pesar de ti mismo), que el "qué dirán" te debe importar 3 kilos 1/2 de verga y que la vida se puede reiniciar con una sonrisa.
Y aquí estoy, aún con cosas que curar pero con la mirada en alto, sonriendo y con la ilusión de que este 2019 (y los años que vengan) traerá siempre nuevos aires que transformarán todo.
"...Porque los locos todavía podemos construir imágenes en el cielo
todavía podemos emocionarnos con la luz de una sonrisa
todavía podemos hacer canciones cursis y decir te quiero..."
*Agradecimiento especial a @Angiejvo (Angela) porque después de leer su
increíble post, me dieron ganas de volver a escribir.